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jueves, 9 de agosto de 2012

No es un chiste: Adriana Abenia opinando sobre la lactancia

En mi opinión, lo más interesante de internet y de las redes sociales es que nos dan voz a todos, democratizando la capacidad de opinar ilimitadamente. Y ahí surge mi duda ¿Tenemos derecho a opinar sobre todo - sepamos o no? ¿Es positivo que cualquier cosa que se le ocurra a cualquier iluminado de la vida circule por la red?

Mi respuesta es sí, y rotunda y afortunadamente SÍ. 

Pero a cambio de este derecho, tenemos que leer cosas como el post de Adriana Abenia donde opina sobre la lactancia materna, en el que deja perlitas como esta:

...no será la primera vez -admito que soy bastante escrupulosa- que se me haya indigestado la comida al observar enfrente mía a una mujer sacándose 'las ubres' para alimentar con sus fluídos a su bebé. 

Posteriormente, en un tweet, nos anima a tomarnos las cosas con humor... pero lo que no entiendo es, en su texto, dónde está la gracia - quizás debería indicarnos donde van las risas, como en los guiones de cine que ella recibe a miles. Lo mejor es que, a las pocas horas, ella empieza a perder ese humor que nos solicitaba ante la avalancha de críticas recibidas - como duelen las cosas cuando te tocan directamente, eh Adriana? - y le falta mandarnos al carajo. Pero claro, es lo que tiene opinar libremente - sin tener ni idea de lo que se está diciendo y con muy poquito ingenio- que el resto también tenemos opiniones y quizás mejor argumentadas y documentadas.

Por supuesto, no seré yo quien coharte la libertad de expresión de nadie, pero ¿qué necesidad tiene esta mujer de hablar sobre la lactancia? ¿es interesante su opinión? ¿aporta algo? ¿qué sabe ella de la lactancia? Quizás existe una solución muy sencilla: no leer lo que tiene que decir sobre este asunto. La pena, o la suerte, es que en la red de redes todo permanece y denostar una práctica ancestral, natural, buena para la salud, positiva para nuestros hijos no es lo ideal.

La cuestión es que la opinión de esta señorita es, en este caso, menos que poco relevante. Me temo que debemos preocuparnos más por otras opiniones, igual de lamentables, de gente que realmente tiene poder para influir en nuestra vida, como la de mi amigo Gallardón sobre el aborto. Esto sí que es preocupante...

viernes, 11 de mayo de 2012

El misterio de la lactancia a demanda y prolongada


A veces la ignorancia me enternece. Ésto es lo que me pasa con las matronas y enfermeros o enfermeras bien intencionados que te recitan casi de carrerilla que la lactancia debe ser a demanda, sin relojes y durante cuanto más tiempo mejor. Pero acto seguido, te preguntan que cuando le das la última toma del día y que, por tu bien, y para que el niño aguante más por la noche, le retrases la toma de la noche todo lo que puedas y así, si le das el pecho sobre las 12 con suerte, el bebé te aguanta hasta las 6 de mañana y duermes del tirón.
El problema es que ésto yo ya me lo sé y aunque pongo cara de escuchar atenta y agradecida, pienso para mis adentros: ¿qué parte de “a demanda” no habrán entendido? Pero seguro que habrá mamás que no sepan ni la teoría ni la práctica y, muy obedientes, sigan a raja tabla estos consejos practicando la lactancia materna de un modo deficiente y contradictorio.

Por otro lado, la lactancia prolongada es tan inusual, que si le pregunto a mi matrona si me tomo el complejo vitamínico recomendado para este periodo durante toda mi lactancia – que espero que sea durante, al menos, los próximos 2 años – la mujer se queda con cara de póker sin saber qué decirme.

En definitiva, que al menos la cosa cambia, que la teoría se la saben y ahora sólo queda interiorizarla y normalizarla, como hace esta portada de The Times, publicada en estos días: ¡¡¡Grandiosa!!!

domingo, 6 de mayo de 2012

Oda a mi

Más madre que nunca, mi cuerpo está lejos de los cánones actuales de belleza. Mi talla no es una 36, ni una 38, ni una 40, y a veces tampoco una 42, pero me miro al espejo y veo mi redondez perfecta para albergar a mis hijos, abrazarlos y acunarlos. Mis pechos llenos de leche para alimentarlos y consolarlos. Mis carnes suaves y sin estrías acusan el esfuerzo del embarazo y caen algo flácidas convirtiéndose en espacios más mullidos para el descanso...

Y para compensar tanta lírica, por el día de la madre, mi marido y mis niños me han regalado unas Reebok Easy Tone que dicen que son muy buenas para bajar el culo.

miércoles, 25 de enero de 2012

Me desvelan mis desvelos


Como a la lactancia prolongada, llegué al colecho por comodidad y luego llegó la convicción. Esta declaración de principios no me convierte, desde luego, en una guía espiritual ni modelo de moral de la maternidad consciente para nadie – ni lo pretendo.

Tras 28 meses de lactancia, decidí unilateralmente que ya no me sentía cómoda con esa opción, que mi niño había tenido teta suficiente y que era mejor para ambos parar en aquel punto. Si me pedís un argumento sólido sobre la que basar aquella decisión, efectivamente no lo tengo, sólo puedo decir que al igual que decidí con mis entrañas dar de mamar a mi niño hasta casi los 2 años y medio, decidí con mis vísceras parar ahí.

Me temo que con el colecho las cosas se van a suceder de la misma manera, la cuestión es que en esta ocasión sí tengo motivos que argumentan mi decisión, que aún no está tomada definitivamente y que quizás va a depender en mayor medida de mi niño que la cuestión de la lactancia.

Ahora estoy embarazada, duermo peor, mi niño es más grande y la cama se hace más pequeña, nuestro dormitorio es pequeño y la opción de una cama anexa a la nuestra es compleja... y además mi niño últimamente ronca como un señor mayor... total, que daría cualquier cosa por que durmiera del tirón, porque se quedara en su cama, pero por ahora parece imposible (y que ningún despistada@ me sugeria un Estivill, eh?).

Hasta ahora para mi era un verdadero placer dormir los 3 juntos. En muchas ocasiones he pensado que me gustaba más a mi que a él dormir abrazados, me da paz, me da tranquilidad, me da calor, y sentirlo a mi lado mientras duerme es la mejor sensación que pueda tener. Pero desde que veo más cerca el nacimiento de mi bebé, de mi chico, siento más inviable la opción de compartir la cama con mis 3 hombres.

Está la opción de echar a papá, pero eso sí que no me parece bien. En la casa, en la familia e incluso en el coche cada uno tiene su sitio y, en mi opinión, debe ocuparlo. Eso no quita que para que en el sitio que “en teoría” está asignado a mamá y/o papá se le haga un hueco a nuestros hijos en un momento determinado, por una cuestión específica, por una necesidad real. Pero, eso sí, una vez más en mi opinión, nunca debe significar, desplazar a la persona a la que le corresponde ese lugar “legítimamente”. Os pongo un ejemplo, nunca me han gustado esa situación en las que las madres ceden el asiento de copiloto a sus hijos adolescentes, que casi por narices quieren sentarse delante para decir que ya son mayores. Quizás esta es una reflexión insustancial, anecdótica, fruto de experiencias vividas (no en mi familia, pero sí cercanas) que me ha dejado huella y que, por no sé bien qué motivo, llevo grabado en mi ADN... en fin... creo que el dormir poco me está afectando ¿no creéis?

En esta ocasión os pido consejo... ¿Cómo lo veis? ¿Cómo le damos solución a esto? ¿Cómo hacemos para que todos durmamos bien? ¿Cómo hacemos para no desplazar a mi niño por el nacimiento de su hermano? Ojalá tuviera la cama de la foto... las cosas serían más fácil y optaría sin duda por el colecho sin fin... pero la sociedad de hoy, los pisos de hoy, las camas de hoy...te llevan a  tomar decisiones en las que no siempre crees al 100%.

sábado, 5 de febrero de 2011

Capitalismo, lactancia y otros refrescos



La culpa de todo la tiene el capital y, en concreto, la Coca-Cola. 28 meses de lactancia interrumpidos por mi adicción a la chispa de la vida. Los remordimientos me comían una de tantas noches en la que no podía dormir a mi niño y decidí que aquello se había acabado. Ni pensar quería que mi mala combinación de teta y cafeína pudieran ser el origen del mal sueño de mi niño.

Pues ahora que he comprado que lo del sueño de mi niño no tiene nada que ver con la teta casi, casi, casi me arrepiento de habérsela quitado. Él aún la pide, unas veces con más insistencia y otras con menos, pero la echa de menos tanto como yo echo de menos tenerlo acurrucado al calor de mi pecho – se sigue acurrucando, claro, pero ya no es igual.
 
Bueno, si somos serios, existían otros factores que colaboraron en mi decisión - unilateral por completo - pero todos eran egoístas, lo reconozco. En mi descarga he de decir que al igual que decidí una lactancia prolongada con las entrañas, fueron esas mismas vísceras las que me empujaron a tomar la decisión de quitársela... y de esto hace algo más de un mes. Aunque en este tiempo, alguna vez que otra no me he resistido a sus peticiones, entiendo que ahí ya no hay nada, y mi pobre niño disimula diciendo que sí hay leche, para que no se la quite...

En fin, ya no hay vuelta atrás... ha sido bonito mientras duro...

miércoles, 28 de abril de 2010

Feminismo ingenuo

En estos días han llegado a mis manos varios textos que hablan sobre ser madre, profesional, pareja, superwoman... Desarrollan sus teorías sobre preceptos que, en principio, comparto, como huir de los sentimientos de culpa, el reparto igualitarío de las tareas del hogar o los derechos de las mujeres a ser profesionales de éxito y madres.
Estas ideas puede inscribirse dentro de movimientos feministas, que respeto y admiro profundamente, pero pienso que las mujeres de hoy caemos en reflexiones poco profundas y bastante ingenuas sobre la maternidad y la mujer, en toda su dimensión.
Casi todas estas reflexiones sobre ser mujer y madre acaban dándonos consejos como reservar un tiempo para tí, compartir momentos con tu pareja o intentar volver a tu vida normal cuanto antes, es decir, a tu vida como era antes del momento "h" (de hijo). Sinceramente me pregunto ¿qué pensaban estas mujeres que escriben estos libros, artículos en revistas o posts en blogs que era la maternidad? ¿creián que después del embarazo el niño iba a desaparecer?, ¿pensaban quizás que el niño iba a recoger su cuarto con 6 meses, prepararse la cena con 2 años y poner la lavadora con 4? ¿creían tal vez que cuando eres madres tus días tienen 27 horas?
Pensar que después de tener un hijo algo volverá a ser como era antes me parece ingenuo, porque tu vida cambia sin duda y, aunque ahora vaya a caer en varios tópicos, me atrevo a decir que tus valores, tus prioridades e inclusos tus deseos y necesidades ya no volverána a ser los mismos porque, en tu vida, hay otra persona que te necesita más que nadie en el mundo, que depende de ti, que te reclama y a la que tú quieres más que a nada.
Tu vida no puede ser como era antes ni aunque quieras... porque ya no eres tú, eres mamá y tu hijo te acompaña a donde quiera que vayas, auque no esté físicamente contigo. Creer lo contrario es un abismo hacia la frustración.
Como dice mi jefe, yo primero soy madre, y luego todo lo demás. Y la verdad es que tiene razón, pero he elegido serlo y no renuncio a nada, sino que elijo ser profesional, pero no trabajar 24/7, elijo dejar a mi hijo en una guardería porque para mi es la mejor elección, elijo seguir dándole el pecho porque a los dos nos hace felices. En resumen, que hablar de "renuncias" en cuanto a la maternidad también me parece ingenuo y simplista, porque cuando eres madres elijes serlo y pensar que tu vida seguirá siendo como lo era antes de la barriga es simplemente poco inteligente (por no decir estúpido, que suena muy mal).
Es verdad, que yo he tenido suerte (al saber le llaman suerte, que dice mi padre), y soy una profesional que disfruta de su trabajo, que puedo combinar medianamente bien mi profesión con mi visión de la maternidad y que no estoy ahogada económicamente, por lo que puedo disponer de una gran ayuda, como es para mi la guardería a la que va mi hijo, que es excelente.
Estas circunstancias me hacen hablar desde el privilegio de poder elegir ser lo que soy y como soy pero me gusta pensar que ejerzo una maternidad consciente y decidida y que no renuncio sino que elijo.

domingo, 21 de febrero de 2010

Historia de nuestra lactancia

Mi niño se enganchó a mi teta de una forma muy natural, sin problemas, en silencio. Nos lo había dejado una enfermera en la habitación, tras una frase enigmática para nosotros: “a las 8 le toca la toma”. Pasaban los minutos y allí estábamos, mirando a nuestro niño, atónitos, sin movernos, casi sin respirar. No teníamos ni idea de qué hacer, ni como, y nos asomábamos a la cuna como si observáramos a un animalito salvaje…

Cuando dieron las ocho, me dice mi novio: Dale la teta, ¿no? – Y yo aluciné, normalmente la lanzada soy yo y él es el cauto, el prudente hasta el extremo. Yo le contesté: pero vamos a esperar a que venga la enfermera para que nos diga como, ¿no? Y él me contestó con una mirada como diciendo: anda ya, no seas tonta si eso tiene que ser fácil.

Pues nada, lo cogí como pude, me lo acerqué al pecho y listo. Fácil, sencillo, limpio y cómodo…

Y hoy en día, soy una madre orgullosa, que se saca la teta, casi desafiante, esté donde esté. A veces, casi me encantaría que alguien me dijera algo por estar dándole de mamar a mi niño de 18 meses en un sitio público. Tengo las respuestas preparadas, adecuadas para el tipo de insensato o insensata que se atreva a hacerlo. He creado respuestas para viejos, para jóvenes e incluso para personal de seguridad, esta última es la que más me gusta y la voy a compartir con vosotros, es un simple: ¡desalójenme! Menudo espectáculo iba a ser eso: yo con la teta al aire, el niño recolgado, mi novio soltando manporrazos al aire y el segurata arrastrándonos a los tres hacia la puerta. Ya tendría excusa para iniciar una cruzada… pobrecitos.

Pero sinceramente, nunca nadie me ha dicho nada, ni siquiera he sentido que me miraran mal. De hecho, en mi tierra (Málaga), más de una vez se me han acercado – siempre señoras mayores – para decirme: ¡Qué bonito! ¡Qué bien! ¡Eso es lo más bueno que le puedes dar!.

Precisamente hoy, se ha escrito uno de los capítulos de la historia de nuestra lactancia. Un capítulo que no he escrito yo, sino mi niño, lo que me ha reforzado y reafirmado en el orgullo y el placer que está siendo para mí darle la teta a mi niño hasta hoy -ese “hasta hoy” lo podéis leer como un “alterado ¿hasta-hoy?-¡pero-si-tiene-18-meses!” o un “sonriente hasta-hoy-y-por-mucho-tiempo” según vuestras convicciones sobre la maternidad.

El caso es que con este maldito tiempo, no hemos tenido más remedio que irnos a un centro comercial a pasar el día. Allí, con la merienda a medias, mi hijo jugaba en un espacio decorativo, que los niños han hecho suyo– se trata de un puente sobre una falsa cuenca de un río, recubierta de un falso césped, sobre el que nos niños se revuelcan y se tiran con las bandejas del McDonalds como si fueran trineos – muy ingenioso.

Allí, estaba mi niño, cuando de pronto, ha venido hacia mí, corriendo, con los brazos abiertos – esto lo suele hacer mucho, porque además de ser un crack es muy simpático. Tras nuestro abrazo me ha dicho: “aga” –es decir “agua”. Yo le he ofrecido una botella con pajita que siempre llevamos con nosotros. Él ha negado contundente “no-no-no”. He pensado, a lo mejor quiere el batido de chocolate que estaba tomando y se lo he ofrecido, y otra vez ha negado “no-no-no”. Entonces me dice mi novio: “aga-mamá”, lo que quiere es teta…

¿Comprendéis ahora lo de madre orgullosa?

jueves, 10 de septiembre de 2009

A dormir...

No, no, no, no quiero dormir. Aunque tengo sueño… pero no quiero dormir. Estoy aquí jugando con papi… pero tengo sueño ¡¡¡¡uaaaaaaa, tengo sueño, uaaaaaaaaa!!!

No, no, mami, así no, no me pongas así, que me duermo, no, no me mezas que se me cierran los ojos, nooo… no quiero dormir, tengo muchas cosas que ver, la luz del humidificador, la pelota que está en el suelo…


Bueno, chupo un poco de leche de la teta de mami, total, está aquí y está tan rica. Tengo sueño, se me cierran los ojos y mami canta tan bien…

Pero, no, no, no, no quiero dormir… mami, mami mira Mickey, mira el ventilador…no quiero dormir…


Un poco más de teta, vale… se me cierran los ojos y ese balanceo me deja adormilado, que a gusto estoy, se me cae la mano, se me escurre la boca de la teta de mamá…

Pero no, no, no, no quiero dormir… ¿qué es esto? la nariz de mamá ¿y estos agujeros? ¿qué habrá dentro? Vaya, parece que a mami no le gusta que le meta el dedo ahí ¿por qué será?

Pero se me cierran los ojos, mami me acaricia la cabeza y los párpados se me caen y relajo las piernas, y me acurruco con mamá, que huele tan bien y está tan blandita. Mi respiración se ralentiza, empieza a ser rítmica, tranquila, me duermo, me duermo… me dormí.

miércoles, 24 de junio de 2009

La mala leche, el deporte y la creatividad

La mala leche y el deporte me ponen creativa. Mi último post lo ha inspirado un maldito comercial, de esos que van a puerta fría y te venden hasta a su madre si los dejas. Vivimos en una corrala y, será por lo castizo del tema, pero los comerciales van a voz en grito anunciando sus productos: - el gas, señora, la compañía del gas – o en este caso ha sido "el teléfono", así "el teléfono", no el nombre de una compañía de telefonía, ni un servicio en concreto, no, simplemente un engañoso "el teléfono".

Oigo el telefonillo, un pitido seco y profundo, largo y desagradable, justo cuando mi niño está cerrando sus ojillos, enganchado a mi teta… y pienso, me-cago-en-la-madre-que-lo-parió; pido perdón a la pobre madre del muchacho, que seguro que le recomendó que estudiara una profesión, una carrera, para que no acabara de comercial a puerta fría, pero el niño no quiso y, míralo, de comercial a puerta fría…


Y lo oigo vociferar… y yo sigo maldiciendo todo lo que se me pasa por la mente. Mi niño, mientras tanto, sigue mamando, ya un poco más despierto.

Entonces llega mi novio y, para que conste, también es comercial – con esto demuestro que no es animadversión gratuita hacia los comerciales - pero él tiene su carrera y su listado de clientes debajo del brazo. A mi niño lo de dormir ya se le había olvidado y cuando ve a su papi se abraza a él.

Para entonces, yo ya estoy de mala leche (empiezan a llegarme las musas).. y oigo unos pasos y un pitido en el timbre – dice Laura Gutman que cuando eres madre oyes los sonidos multiplicados y que el ring del teléfono sube varios decibelios en tu mente, sobre todo si tu niño está dormido -.

Mi niño no estaba dormido, pero yo ya estaba atómica, y cuando veo asomar un hocico por mi ventana gritando "el teléfono, señora"… entonces no respondo de mí, y le digo: -¡vete! ¡fuera! Y me contesta el pollo – si estoy fuera.

Que me vacilen vale, pero dentro de mi casa, invadiendo mi intimidad, me parecía fuerte -hace unos días no sé si fue el del teléfono, la luz o Avón que llamaba a mi puerta, pero se asomaron 3 comerciales mientras yo daba el pecho a mi niño en el sofá y, con mi teta al aire, les tuve que invitar a que se fueran, y todavía pretendían que les abriera la puerta.

La situación ya me estaba encendiendo la mecha del cabreo supremo, pero cuando escuché la técnica comercial más usada en los últimos tiempos, la cosa se puso sería. El pollo va y me dice: -vale, pero si no me abre le van a cortar el teléfono. - ¿Qué que? ¿qué tú me vas a cortar a mi qué?

Abro la puerta, salgo y "sinvergüenza", "estafador", "que me has despertado al niño" (inexacto, pero me permití la licencia), "vete de aquí" fueron algunas de las palabras que pronuncié.

¿Y qué tiene que ver la inspiración y el deporte? Pues que mi niño está dormido, su padre viendo el fútbol y yo con las pilas puestas y algo de tiempo para poner a parir (que término más mal usado en un blog de maternidad) al pollo que no quiso estudiar.