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miércoles, 25 de enero de 2012

Me desvelan mis desvelos


Como a la lactancia prolongada, llegué al colecho por comodidad y luego llegó la convicción. Esta declaración de principios no me convierte, desde luego, en una guía espiritual ni modelo de moral de la maternidad consciente para nadie – ni lo pretendo.

Tras 28 meses de lactancia, decidí unilateralmente que ya no me sentía cómoda con esa opción, que mi niño había tenido teta suficiente y que era mejor para ambos parar en aquel punto. Si me pedís un argumento sólido sobre la que basar aquella decisión, efectivamente no lo tengo, sólo puedo decir que al igual que decidí con mis entrañas dar de mamar a mi niño hasta casi los 2 años y medio, decidí con mis vísceras parar ahí.

Me temo que con el colecho las cosas se van a suceder de la misma manera, la cuestión es que en esta ocasión sí tengo motivos que argumentan mi decisión, que aún no está tomada definitivamente y que quizás va a depender en mayor medida de mi niño que la cuestión de la lactancia.

Ahora estoy embarazada, duermo peor, mi niño es más grande y la cama se hace más pequeña, nuestro dormitorio es pequeño y la opción de una cama anexa a la nuestra es compleja... y además mi niño últimamente ronca como un señor mayor... total, que daría cualquier cosa por que durmiera del tirón, porque se quedara en su cama, pero por ahora parece imposible (y que ningún despistada@ me sugeria un Estivill, eh?).

Hasta ahora para mi era un verdadero placer dormir los 3 juntos. En muchas ocasiones he pensado que me gustaba más a mi que a él dormir abrazados, me da paz, me da tranquilidad, me da calor, y sentirlo a mi lado mientras duerme es la mejor sensación que pueda tener. Pero desde que veo más cerca el nacimiento de mi bebé, de mi chico, siento más inviable la opción de compartir la cama con mis 3 hombres.

Está la opción de echar a papá, pero eso sí que no me parece bien. En la casa, en la familia e incluso en el coche cada uno tiene su sitio y, en mi opinión, debe ocuparlo. Eso no quita que para que en el sitio que “en teoría” está asignado a mamá y/o papá se le haga un hueco a nuestros hijos en un momento determinado, por una cuestión específica, por una necesidad real. Pero, eso sí, una vez más en mi opinión, nunca debe significar, desplazar a la persona a la que le corresponde ese lugar “legítimamente”. Os pongo un ejemplo, nunca me han gustado esa situación en las que las madres ceden el asiento de copiloto a sus hijos adolescentes, que casi por narices quieren sentarse delante para decir que ya son mayores. Quizás esta es una reflexión insustancial, anecdótica, fruto de experiencias vividas (no en mi familia, pero sí cercanas) que me ha dejado huella y que, por no sé bien qué motivo, llevo grabado en mi ADN... en fin... creo que el dormir poco me está afectando ¿no creéis?

En esta ocasión os pido consejo... ¿Cómo lo veis? ¿Cómo le damos solución a esto? ¿Cómo hacemos para que todos durmamos bien? ¿Cómo hacemos para no desplazar a mi niño por el nacimiento de su hermano? Ojalá tuviera la cama de la foto... las cosas serían más fácil y optaría sin duda por el colecho sin fin... pero la sociedad de hoy, los pisos de hoy, las camas de hoy...te llevan a  tomar decisiones en las que no siempre crees al 100%.

lunes, 21 de septiembre de 2009

La maternidad y el deporte

Convendréis conmigo en que si tuviéramos que comparar la maternidad con un deporte sería con el atletismo. Ser madre es una carrera, a veces de obstáculos, otras de resistencia, afortunadamente casi siempre de relevos y siempre de fondo.

¿Qué madre no ha corrido los 100 metros tacones para evitar una caída, una mano en un enchufe o un pie en la carretera? ¿Qué madre no esprinta para poner una lavadora, sacar dinero en el cajero, pasar por el super y llegar a la guarde a tiempo?

Desde que soy madre siempre estoy corriendo y gano medallas casi todos los días. Las de bronce me las llevo cuando un fin de semana podemos dormir hasta las 9 de la mañana; Las de plata me las cuelgo cuando pasa más de un mes y mi niño no se pone malo; Y las de oro son mías cuando mi niño canta conmigo una canción, aprende una nueva palabra o empieza andar sujeto sólo de una de mis manos.

jueves, 10 de septiembre de 2009

A dormir...

No, no, no, no quiero dormir. Aunque tengo sueño… pero no quiero dormir. Estoy aquí jugando con papi… pero tengo sueño ¡¡¡¡uaaaaaaa, tengo sueño, uaaaaaaaaa!!!

No, no, mami, así no, no me pongas así, que me duermo, no, no me mezas que se me cierran los ojos, nooo… no quiero dormir, tengo muchas cosas que ver, la luz del humidificador, la pelota que está en el suelo…


Bueno, chupo un poco de leche de la teta de mami, total, está aquí y está tan rica. Tengo sueño, se me cierran los ojos y mami canta tan bien…

Pero, no, no, no, no quiero dormir… mami, mami mira Mickey, mira el ventilador…no quiero dormir…


Un poco más de teta, vale… se me cierran los ojos y ese balanceo me deja adormilado, que a gusto estoy, se me cae la mano, se me escurre la boca de la teta de mamá…

Pero no, no, no, no quiero dormir… ¿qué es esto? la nariz de mamá ¿y estos agujeros? ¿qué habrá dentro? Vaya, parece que a mami no le gusta que le meta el dedo ahí ¿por qué será?

Pero se me cierran los ojos, mami me acaricia la cabeza y los párpados se me caen y relajo las piernas, y me acurruco con mamá, que huele tan bien y está tan blandita. Mi respiración se ralentiza, empieza a ser rítmica, tranquila, me duermo, me duermo… me dormí.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Un año...

¿Habéis tenido alguna vez esa sensación al estar en la cama, a oscuras, a punto de dormir, cuando las cosas que te rodean parecen acercarse y alejarse, haciéndose grandes, inmensas y luego pequeñas, diminutas? Yo he sentido esa extraña sensación, algo inquietante, y es la analogía perfecta para describir este último año.

Ha sido más sencillo de lo que pensaba, pero con momentos muy complicados. Cansado, muy cansado, pero satisfactorio. Lleno de dudas, pero guiado por el convencimiento de nuestro instinto.

Un año largo, pero breve a la vez, cuando miro a mi niño pienso: ¡Ya ha pasado todo un año!
En ocasiones me ha separado de mi novio (los pañales, la falta de sueño, los llantos y hasta las risas…) pero también nos ha consolidado, nos ha hecho una familia, un equipo, una unidad, un núcleo indivisible pase lo que pase.

Un año divertido, lleno de sentimientos, sensaciones, ideas, proyectos… un año especial y diferente, el año en el que nació mi niño.

jueves, 4 de junio de 2009

Antes de yo somos nosotros

"Yo, tú, él. El hecho de que estos pronombres mantengan ese orden de conjugación verbal podría inducirnos a pensar que primero se inventó el yo, después el tú y más tarde el él". Así comienza el artículo del pasado viernes de El País, del siempre magnifico Juan José Millás. Continúa hablando de que es más lógico pensar que primero nos dimos cuenta de el él, en contraposición del tú y el yo. "En la constelación familiar clásica – continúa Millás - el padre ocupa el centro, es él; la madre, tú y el hijo, yo. Si no fuera por el padre (él), la madre y el hijo (tú y yo) apenas se diferenciarían."

Y ahí entra otra preciosa frase, que creo que es del Dr. Carlos González (aunque no he sido capaz de encontrar la cita en los libros que he leído): "Antes de yo, somos nosotros".

Mi niño está dejando de ser nosotros para ser yo, su propio yo. Y lejos de sentirme desplazada me siento más cerca de él. Ahora él es consciente de que yo soy otra persona distinta a él y me reclama, me mira, me imita, me sonríe… Al notar que somos dos personas disferentes, necesita saber que voy a estar ahí, necesita saber que no me voy, quiere estar cerca de mi, reclama mis brazos y mis besos.

Y ahora es él quien aprende a darme besos… a mí y a su papá, al que quiere con locura y quien siendo él, o tú o nosotros es el mejor padre del mundo, y su niño lo sabe.

lunes, 30 de marzo de 2009

A mi niño le gusta…

A mi niño le gustan los globos deshinchados, las cajas vacías y los libros de animales. Disfruta quitándose los zapatos, calcetines fuera, y pies a la boca…

A mi niño le encanta escuchar a su madre cantar, volar con su padre.

Se ríe con las palmas, acaricia mis manos y observa mis anillos…

Oigo carcajadas, es mi niño que se ríe mirando la tele…

Le gustan las fotos, mirarse en los espejos, la música de su padre… Mi niño es feliz, ¿qué más puedo pedir?