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miércoles, 13 de junio de 2012

Viejas amargadas, crianza de mierda, sociedad asquerosa


¿Para cuándo querrá la vieja de la cola del supermercado que deje los brazos, los besos y los mimos para mi niño?¿Por qué tendrá, la buena mujer, esa obsesión con que mi chico no se acostumbre a los brazos a sus tiernos dos meses recién cumplidos? ¿No sería peor que en vez de a los brazos se acostumbrara al crack? ¿Nos extrañaremos cuando tenga 18 años y no me quiera dar un beso? ¿Me quejaré amargamente por ello? ¿Será que no se ha acostumbrado a recibir y dar amor?

¿Por qué en las recomendaciones de las revisiones pediátricas insisten en pasar a un bebé de 3 meses a su cuarto? ¿Por qué desaconsejan el colecho y recomiendan métodos conductistas avalados por dudosos estudios que, por cierto, no referencian?

¿Por qué sigo asombrándome de que madres de mi entorno sólo hayan dado el pecho 2 meses a sus bebés argumentando la retirada de leche? ¿Por qué sigo justificándome delante de ellas por la lactancia prolongada de mí grande? ¿Por qué me da apuro sacarme la teta delante de ellas para amamantar a mi niño? ¿Por qué me siento una hippy greñosa a su lado?

¿Por qué el viejo de la cola del supermercado afirmaba orgulloso que sus padres nunca le cogieron en brazos? ¿Será por eso que tiene esa mujer amargada? ¿Habrá sido feliz en su vida? ¿No tuvo suficiente con vivir la posguerra que ahora alienta el desapego entre madre e hijo? ¿Será precisamente por eso?

Señor, perdónalos porque no saben lo que hacen...

miércoles, 25 de enero de 2012

Me desvelan mis desvelos


Como a la lactancia prolongada, llegué al colecho por comodidad y luego llegó la convicción. Esta declaración de principios no me convierte, desde luego, en una guía espiritual ni modelo de moral de la maternidad consciente para nadie – ni lo pretendo.

Tras 28 meses de lactancia, decidí unilateralmente que ya no me sentía cómoda con esa opción, que mi niño había tenido teta suficiente y que era mejor para ambos parar en aquel punto. Si me pedís un argumento sólido sobre la que basar aquella decisión, efectivamente no lo tengo, sólo puedo decir que al igual que decidí con mis entrañas dar de mamar a mi niño hasta casi los 2 años y medio, decidí con mis vísceras parar ahí.

Me temo que con el colecho las cosas se van a suceder de la misma manera, la cuestión es que en esta ocasión sí tengo motivos que argumentan mi decisión, que aún no está tomada definitivamente y que quizás va a depender en mayor medida de mi niño que la cuestión de la lactancia.

Ahora estoy embarazada, duermo peor, mi niño es más grande y la cama se hace más pequeña, nuestro dormitorio es pequeño y la opción de una cama anexa a la nuestra es compleja... y además mi niño últimamente ronca como un señor mayor... total, que daría cualquier cosa por que durmiera del tirón, porque se quedara en su cama, pero por ahora parece imposible (y que ningún despistada@ me sugeria un Estivill, eh?).

Hasta ahora para mi era un verdadero placer dormir los 3 juntos. En muchas ocasiones he pensado que me gustaba más a mi que a él dormir abrazados, me da paz, me da tranquilidad, me da calor, y sentirlo a mi lado mientras duerme es la mejor sensación que pueda tener. Pero desde que veo más cerca el nacimiento de mi bebé, de mi chico, siento más inviable la opción de compartir la cama con mis 3 hombres.

Está la opción de echar a papá, pero eso sí que no me parece bien. En la casa, en la familia e incluso en el coche cada uno tiene su sitio y, en mi opinión, debe ocuparlo. Eso no quita que para que en el sitio que “en teoría” está asignado a mamá y/o papá se le haga un hueco a nuestros hijos en un momento determinado, por una cuestión específica, por una necesidad real. Pero, eso sí, una vez más en mi opinión, nunca debe significar, desplazar a la persona a la que le corresponde ese lugar “legítimamente”. Os pongo un ejemplo, nunca me han gustado esa situación en las que las madres ceden el asiento de copiloto a sus hijos adolescentes, que casi por narices quieren sentarse delante para decir que ya son mayores. Quizás esta es una reflexión insustancial, anecdótica, fruto de experiencias vividas (no en mi familia, pero sí cercanas) que me ha dejado huella y que, por no sé bien qué motivo, llevo grabado en mi ADN... en fin... creo que el dormir poco me está afectando ¿no creéis?

En esta ocasión os pido consejo... ¿Cómo lo veis? ¿Cómo le damos solución a esto? ¿Cómo hacemos para que todos durmamos bien? ¿Cómo hacemos para no desplazar a mi niño por el nacimiento de su hermano? Ojalá tuviera la cama de la foto... las cosas serían más fácil y optaría sin duda por el colecho sin fin... pero la sociedad de hoy, los pisos de hoy, las camas de hoy...te llevan a  tomar decisiones en las que no siempre crees al 100%.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Madres: total confort para el bebé

Mi niño tiene bronquiolitis, el mal de moda de los niños del siglo XXI. Sí tu niño no ha tenido bronquiolitis no es nadie en la guardería… lo siento, pero tenías que saberlo.

Yo nunca había oído hablar de esta enfermedad. Ni yo, ni mis hermanos, sufrimos este mal y, sin embargo, madre con la que hablo, madre que domina el ventolin, el pulmicor y demás remedios. Supongo que en "mis tiempos" era un simple: "tiene el pecho cogido…".

El caso es que por las noches, a mi niño le cuesta respirar. La pediatra nos ha recomendado que le subamos un poco el colchón de la cuna, para que esté un poco reclinado. Intentamos con un cojín debajo del colchón, pero quedaba muy alto. Pusimos unas toallas, pero el niño acaba escurriéndose hasta la zona que no está elevada y es como si no hubiésemos hecho nada… El único sitio en el que mi niño está a gusto es sobre mi pecho. Mi equipamiento de serie me permite regular su temperatura, mecer su cuerpecillo a un suave ritmo perfecto para amodorrarse a placer, conseguir el grado exacto de reclinación que le permite respirar mejor, medir su nivel de saturación de oxígeno en sangre, conocer hasta la última décima de fiebre que tiene…

El confort que ofrece una madre es inigualable… todo a un precio muy razonable: una sonrisilla cuando se pone bueno.

 

sábado, 2 de mayo de 2009

Soy la madre que quiero ser

Antes de saber que existía la palabra, yo ya practicaba el colecho. Mi niño me lo pidió el mismo día de su nacimiento y yo, instintivamente, lo metí en la cama del hospital conmigo, sin el consentimiento de familiares, amigos, enfermeras y los que pasaban.

Aquella noche puse a mi niño encima de mi pecho, sus piernecillas se quedaban mucho antes de mi ombligo, y sólo de esa forma se quedaba dormido. No pegué ojo ni esa noche ni la siguiente, me aterrorizaba tirarlo de la cama, aplastarlo o malcriarlo.

Las advertencias apocalípticas, que aún hoy me dedican con cariño los que me rodean, hicieron mella en mí, y cuando mi niño tenía alrededor de un mes, mi novio (que es muy concienzudo) y yo (que lo soy menos) nos tiramos como unos 3 ó 4 días, que me parecieron meses, sin dormir nada, y cuando digo nada, me refiero a nada. Metíamos al niño en su cuna, y se pasaba llorando horas y horas. Nos daban las 6, las 7 y las 8 de la mañana y mi niño no se dormía. Lo mecíamos en la cuna, lo tocábamos, lo besábamos, le cantábamos… siempre, como nos indicaban todos, sin cogerlo, y mi niño no quería estar allí.

¿Será el colchón? ¿Será que la cuna es demasiado grande? ¿Será que tiene calor? No, es frío. ¿Será que tiene miedo? ¿Será..? y era que quería que su madre lo cogiera, que lo abrazara, sentir mi calorcillo, mi respiración, mis brazos, mi corazón latiendo junto al suyo…

Hoy, mi niño duerme la primera mitad de la noche en su cuna (lo acosamos a las 8 y suele despertarse sobre las 12 ó 1), y la segunda con nosotros. Nos sé a cual de los dos le gusta más dormir juntos, pero ahora, que sus piernecillas llegan ya hasta mis muslos, mi niño sigue disfrutando del calor de sus padres.

Mi instinto no me deja hacer otra cosa y gracias a mis lecturas y a una red de madres blogueras que cuentan sus experiencias en la red (para las que estoy preparado un pequeño regalo, ya os contaré…) practico el colecho con convencimiento y sin remordimiento.

Todavía escucho reproches como: y qué, ¿vas a tener durmiendo al niño contigo hasta que tenga 18 años? Yo trato de explicar que no, que el sueño es un proceso y lo antinatural es separar a un bebé el mismo día en el que nace de la piel de su madre… pero que nadie se ofenda, y que cada uno haga lo que quiera, yo quiero ser la madre que soy, lo he elegido así y estoy contenta.