Cualquier elección en la vida implica
renuncia. Si duermes no estás despierta, si haces deporte no descansas, si
trabajas no estás en casa... pero renunciar no es siempre negativo: renuncio a
estar triste, renuncio a doblegarme, renuncio a estar insatisfecha.
La contramoda que está de moda es ligar la maternidad con la renuncia. Parece que lo que ahora se lleva es decir que quien es madre y,
sobre todo, las que optamos por un tipo de maternidad ligada a los principios
de la crianza con apego, no somos mujeres realizadas, somos mujeres abnegadas,
que renuncian a ser mujeres completas.
Esa reflexión no me gusta, porque pone en
cuestión los principios de mi vida, las elecciones que he tomado para llevar la
vida que quiero: ser madre, criar a mis hijos de la forma que su padre y yo
hemos acordado como la mejor y vivir la vida de la manera que mejor se ajusta a
nuestra forma de ser como familia.
Los movimientos No-Mo son algunos de los
que lideran estas reflexiones y, al igual que ellas no entienden por qué yo
sí quiero tener hijos, yo no entiendo por qué ellas no quieren tenerlos, pero las
respeto, me parece bien, que hagan con sus vidas lo que quieran, no las
cuestiono, aunque no las entiendo.
Lo que no comparto es la confrontación. Lo que
no comparto es lo mío es mejor y lo tuyo peor, tú eres una egoísta por no tener
hijos y yo soy una sumisa que me dejo llevar por las corrientes neomachistas
que pretenden devolver a la casa a la mujer, alejándola del entorno laboral.
Yo no te conozco y quizás por eso no te
entiendo, pero tú a mí tampoco, y quizás por eso no sepas que sigo trabajando,
que estoy en primera línea laboral, que no he renunciado a nada (he elegido),
que no soy una súper mujer (ni lo pretendo) y que seguramente vivo una
maternidad privilegiada, porque no tengo que atenerme a horarios estrictos,
porque puedo ir a todas las reuniones de los colegios de mis niños, porque si
están malos me quedo en casa… y quizás, y solo quizás, está maternidad
privilegiada es fruto de la gran suerte que he tenido de poder tener una formación,
de mi trabajo y también de mis elecciones personales: podría estar dirigiendo
algo que me retuviera hasta las 11 de la noche en una oficina y no lo hago, porque
no quiero, no me apetece, no quiere vender mi vida al capital porque el capital
me la sopla, las empresas me la soplan, el dinero me la sopla, y lo que quiero
(lo que YO quiero, y no me dicta la sociedad) es vivir así.
Mi maternidad no es perfecta, la maternidad me ha arrasado y me ha vuelto a levantar y, como los amores, los desegaños y la propia vida, es dura, a veces es ingrata, pero ¿quién dijo que esto era fácil? ¿quién dijo que la vida era fácil? ¿quien dijo que sólo lo fácil es bueno?
Por supuesto, todo sería mejor si las mujeres estuviéramos
más protegidas laboralmente, si hubieran más guarderías públicas, si tuviéramos más garantías…
pero también todo sería mejor si todos dejáramos de plantear las cosas como una
confrontación, como una carrera, como un debate en el que sólo puede haber un
ganador.
Realidades hay muchas, mujeres hay muchas,
todas diferentes, con formas de vida diferentes, con opciones diferentes, es
probable que no nos entendamos, pero ¿es necesario que siempre nos estemos juzgado?
Ideas que se me pasan por la cabeza mientras duermo a mis niños cada noche, o cuando hablo con mi vecina, o cuando estoy en la ducha...
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lunes, 13 de octubre de 2014
martes, 3 de junio de 2014
El 99,9% de la población está a favor de la crianza con apego
Si te pregunto si estás de acuerdo con esta afirmación: “trata
a los demás como te gustaría a tí que te tratasen”, seguro que respondes que sí. Y seguro que convienes conmigo que este concepto
es una de la bases de la educación y un valor importante para la convivencia
entre personas. Podríamos decir incluso que se trata
de un axioma, una afirmación incuestionable para cualquiera que quiera educar a
sus hijos en el respeto a los demás.
Por ello, estoy segura de que también dirás que sí a las siguientes
afirmaciones:
- Si estás triste y lloras ¿quieres ser consolado?
- Si estás enfadado ¿quieres comprensión y besos?
- Si existe un alimento recomendado por la máxima autoridad sanitaria del mundo, que aporta todos los nutrientes que necesitas y, además, te aporta satisfacción emocional, ¿lo querrías para ti?
- Si algo te atemoriza por la noche ¿te gustaría abrazar a la persona que más quieres?
- Si tuvieras carencias en tus capacidades de comunicación ¿querrías estar permanentemente atendido?
- Si te sientes indefenso ¿querrías estar protegido en los brazos de alguien a quien quieres?
- Si tienes hambre ¿querrías comer, independientemente de si toca o no?
Ergo… estás a favor de la crianza con apego. ¡Lo sabía!
Porque si todo esto lo quieres para ti, también lo quieres para tus hijos y ésto son los principios básicos de la crianza con apego.
¡Demostrado! mi teoría es infalible como el Papa… ahora solo queda que sea
inviolable, como el Rey (Felipe VI, claro)
miércoles, 26 de marzo de 2014
Mi chico y sus 730 días
Mi chico tiene el síndrome del segundo hermano. Casi no aparece en fotos, no arrasa en H&M y no llena el blog de su mamá con miles de palabras. Pero eso no le quita poderío a su pequeño cuerpo de casi dos años, no le resta personalidad y categoría.
Mi chico es fuerte y potente, defiende
a mi grande como si fuera su guardaespaldas y es feliz en cada pasito que da en
su vida.
En la tónica general del estándar maternal,
me siento culpable por no mostrar mi idolatría hacia él, como hice con su
hermano, y me pregunto qué pensará cuando pueda leer este blog, abandonado desde
su nacimiento.
A mi chico le ha costado entrar en mi
vida, tenía un listón muy alto que superar, pero sus ojazos grises ahora
inundan nuestra casa…
Mi chico cumple 2 añitos… 730 días de pura
energía, brío y arte… ¡Te quiero gordito mío!
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